"Inicios del Movimiento de Comunicación Alternativa en Gasteiz" escrito por Juan Ibarrondo
Tal vez sea necesario destruir tópicos, valores preconcebidos, viejos esquemas, etc. para poder construir algo nuevo. En cualquier caso, nosotros así lo hicimos.
Si buscáramos una metáfora para describir el surgimiento de las nuevas formas de comunicación en Gasteiz (y en otros muchos lugares de Euskal Herria) quizá la mejor sea un vendaval. Un soplo violento de aire fresco que desempolvó las mentes y los cuerpos. Pero los huracanes también tienen sus causas: un repentino calentamiento del océano o un inesperado cambio del equilibrio en las corrientes marinas.
Del desencanto político, la crisis y el genocidio VIH
Los años ochenta son momentos de una grave crisis económica que comienza en la década anterior y que se irá profundizando hasta entrada la década de los 90.
Estamos hablando de niveles de paro altísimos. De miles de trabajadores que quedan sin trabajo de forma repentina. De un precio del dinero por las nubes y también, o quizá debiéramos decir sobre todo, de la hecatombe que supone la aparición del VIH, muy ligado en Euskadi a la introducción masiva de la heroína, y el genocidio subsiguiente.
Desde un punto de vista político asistimos al desencanto tras las promesas de cambio de la transición, que se ven defraudadas en todo el estado español, y muy especialmente en Euskadi.
Todo ello da lugar al decaimiento de los movimientos sociales y políticos que habían surgido con gran fuerza en los 70. Además, la lucha armada continúa fuerte en aquellos años con su inevitable corolario de represión.
En ese contexto es donde debemos situar la aparición en Gasteiz de un movimiento nuevo: social, cultural, y muy especialmente musical, pero también político; aunque entendiendo la política de una forma radicalmente distinta a como se había hecho hasta entonces. Un movimiento que pondrá patas arriba los valores que hasta ahora se habían considerado firmes y seguros. Los valores del sistema, de derechas como siempre, pero también los de la izquierda y los del patriotismo vasco.
Radios libres: Hala Bedi, Abtexuko eta Kitto. Fanzines: TMEO, Resiste, Araba Saudita. Grupos musicales: Cicatriz, Hertzainak, La Polla Records, Kemnado Ruedas, Potato, La Banda Municipal de Ska. Espacios liberados como el Gaztetxe. Manifestaciones que mezclan la fiesta con la crítica social como las Procesiones Ateas o Las Fiestas Alternativas. No son más que los exponentes más visibles de un movimiento más profundo que transciende la ciudad y se extiende por buena parte de Euskal Herrria.
Geografías medievales
La ocupación del Gaztetxe de Gasteiz, en pleno centro del casco viejo vitoriano, supone el último episodio de la apropiación del centro histórico por parte del movimiento.
El casco medieval, abandonado a su suerte por las elites de la ciudad, había caído en un proceso de deterioro y marginación considerable. Es en ese marco: en parte por la posibilidad de acceder a lonjas y viviendas con alquileres relativamente bajos, en parte por ser una especie de ciudad sin ley; también por ser una geografía urbana de fácil defensa ante las intervenciones policiales (de hecho está concebido como fortaleza) donde el movimiento surge y se desarrolla. Este proceso de apropiación u ocupación del espacio se da también con matices en otras ciudades del entorno.
La apropiación del espacio urbano de la parte antigua de la ciudad supone el establecimiento de un lugar libre de las ataduras normativas y de las miradas convencionales, del modelo social dominante. Un lugar donde no somos vistos por el padre, el vecino, el policía... Así se provoca el desencadenamiento de la creatividad, que nace de la crítica al sistema de valores tradicional. Una creatividad desbordada que se desenvuelve entre viejas casas y vecinos viejos. En bares, calles y cantones que se transforman de forma radical.
Desde luego la ocupación del casco viejo por el movimiento supone también un enfrentamiento, en ocasiones violento, con las fuerzas de seguridad que, sin embargo, se ven impotentes para atajar la explosión de creatividad crítica. La propia flexibilidad del movimiento lo convierte en un objetivo difícil para la represión. También se dan contradicciones e incomprensiones con los residentes ancianos y marginados... y hemos de reconocer que son ellos los que, en ocasiones, acaban pagando los platos rotos.
El no futuro y el movimiento punk
En las condiciones y el contexto de aquellos años no es de extrañar que el grito de No future arraigara con fuerza en los sentimientos de la juventud. Una universidad convertida en fábrica de parados, las promesas de construcción nacional que se desvanecen con el ciclo estatutario (ahora estatuto luego independencia, decían) las posibilidades de futuro laboral en muchos casos inexistentes... ¿Cómo podíamos creer en las promesas de un futuro mejor viendo morir en medio de la discriminación a nuestros colegas?
Sin embargo, la consigna punk del no futuro encierra una paradoja, porque es también potencialidad de cambio. No hay futuro en este marco pero queda la posibilidad de romperlo y explorar el afuera ignoto, nunca antes transitado.
Esto es en parte revolución, pero no sólo la revolución como se había entendido hasta entonces: de manera exclusivamente o principalmente política, sino planteada como cambio de nuestra cotidianeidad.
En ‘Vivos Muertos y Viajeros', escribí al respecto. Yo no sé si fuimos una generación, creo que fuimos más bien el resultado de una profunda insatisfacción que nos hizo vivir de forma radicalmente diferente a la de nuestros padres; quisimos cambiarlo todo: la pareja, el dinero, la política, la geografía y la autoridad de nuestros mayores.
Las organizadoras de estas jornadas nos preguntan: ¿Por qué sentimos la necesidad de comunicar de otra forma? La respuesta es que los medios de comunicación que existían hasta entonces eran metafísicamente incapaces de expresar nuestros deseos y experiencias vitales. Un buen ejemplo es la música, la expresión musical del movimiento punk, que no encontraba ningún hueco en las radios, ni en las salas de conciertos convencionales. Fue necesario entonces crear nuevas radios y ocupar nuevos espacios para programar nuestra música. Y aquí quiero lanzar una inquietud: ahora que el punk se convierte en revival y el Ayuntamiento organiza charlas sobre la autonomía: ¿No estaremos necesitadas de un nuevo vendaval creativo?
A la mierda el País Vasco y la crítica al militontismo jesuita
Crear algo nuevo supone normalmente desmontar lo viejo en sus elementos más simples. Descubrir así el secreto de su funcionamiento que siempre tiene algo de mágico, algo que nos maravilla de forma irracional y que queda en evidencia cuando lo descubrimos.
El imaginario abertzale de los 70 tenía mucho de absurdo si lo analizamos con rigor, si lo deconstruimos. Por ejemplo nos dimos cuenta de que muchos prebostes del nacionalismo vasco no tenían ni idea de euskera... O que, como mucho, sabían algunas palabras que utilizaban con sentido ritual. O que ciertamente no había mucha diferencia entre ser explotado por un empresario vasco o uno español. O que cuando empezábamos a entender ciertas canciones míticas del abertzalismo, constatábamos cuanto nos chirriaban algunas de sus letras. Lo contradictorio de nuestra práctica antimilitarista con eso de ser soldados vascos dispuestos a dar nuestra sangre por Euskadi. O el machismo escondido en otras como el hijo de Itziar ese que sí que es un hombre. Es por eso que Hertzainak cantará aquello de ponerse ciego en AEK para no ver a los vascos.
También los ritos de la movilización tenían mucho de absurdo, incluso de risible, y el humor fue una forma de crítica muy potente, mucho antes de que ‘Vaya semanita' lanzara la fórmula en televisión. Hala ere, euskera ikasi genuen, batzuek besteok baino lehenago, egia da, baina azkenean gehienok lortu egin genuen, eta ez zen batere erraza, zerotik hasi ginen eta. Pero había que conocer para poder deconstruir y para, después, volver a pensar sobre cómo podía ser el futuro para nuestro pueblo. Como podía ser la Euskal Herria de nuestros sueños. El movimiento de alfabetización de adultos, los centenares de euskaldunes viejos o nuevos con los que compartimos mucho más que las clases, fueron parte importante del movimiento.
Objetivo de nuestras críticas y chanzas fueron también: el militantismo revolucionario, que también tenía mucho de absurdo, de patriarcal, de religioso; el culto al héroe, al macho revolucionario, de esos que son los imprescindibles porque luchan todos los días, cuando al fin y al cabo hasta dios descansó el séptimo día, y nosotros reivindicábamos la pereza y nos cagábamos en dios; las vanguardias, cuando descubrimos que nuestros dirigentes no eran más que unos capullos pretenciosos y apostamos por la asamblea, las sopas de siglas absurdas, las capillas, políticas y de las otras, los sindicatos pesebreros, el entrismo de los partidos en los movimientos, el culto al trabajo, con el consiguiente escándalo de muchos... En fin ya decía que quisimos cambiarlo todo. Desde luego que no lo conseguimos.
De semillas y frutos


