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20 años: Libre y Okupado


DIARIO DE NOTICIAS DE ALAVA (08-04-28) 

 
Era un día de revuelto de perretxikos; un día de caracoles y visita a Armentia. San Prudencio, 1988. Un grupo de 300 jóvenes se dio cita en Fariñas y partió, en kalejira, hacia las cocheras del Obispado. Así nació la casa de la colina

Todo empezó con una patada. Sabían que es intentando lo imposible -lo imposibilitado- como se realiza lo posible. Hace hoy 20 años, día de San Prudencio, nació el Gaztetxe de Vitoria.

Tallas de beatos y vírgenes inmaculadas poblaron las antiguas cocheras del Obispado hasta aquel 28 de abril, jornada en que un grupo de jóvenes gasteiztarras okupó la casa de la colina. Abatieron la puerta para abrir un espacio a su ideal: una alternativa cimentada sobre la autogestión y el desacuerdo con el poder establecido. Entre estos jóvenes se encontraba el escritor y periodista Juan Ibarrondo, que tenía entonces 26 años; dos décadas después, rememora el comienzo de esta historia, una cadena en la que Ainhoa Bengoa forma parte del último eslabón como integrante de la Gazte Asanblada que gestiona el Gaztetxe. Representan a la primera y la última generación de este "proyecto necesario".

Hubo tiempos en los que el Gaztetxe era móvil: "Recorríamos las calles con una casita prefabricada para defender nuestras reivindicaciones", recuerda Ibarrondo. Pronto les sedujo la casa de la colina: "Este edificio llevaba muchos años abandonado y nosotros reivindicábamos la necesidad de sacar del desuso las casas para llenarlas vida". Que el inmueble fuera propiedad de la Diócesis, lejos de ser un impedimento, fue un aliciente: "Manteníamos una postura crítica con la jerarquía eclesiástica, y pretendíamos, de paso, ponerles en la tesitura de demostrar si realmente estaban con los jóvenes y los olvidados".

La marcha empezó en el lugar donde aún hoy quedan cientos de vitorianos: Fariñas. "Nos juntamos cerca de 300 personas y subimos al Gaztetxe en kalejira, con trikitixa. Una vez allí, dimos la patada".

Claro que, a pesar de que la casa estaba llena de sotanas, no fue llegar y besar el santo: "Nos pusimos manos a la obra para adecentar el lugar, reparar el tejado... después, convocamos una asamblea permanente. Aquello fue una experiencia increíble: pasaron por el Gaztetxe miles, miles de personas", expresa Ibarrondo. Tan multitudinarios encuentros ayudaron a disuadir al Obispado de su intención de desalojar la casa: "Emitió un comunicado diciendo que, aunque no aceptaba aquella okupación , no actuarían para evitar así males mayores".

Tenían su sueño en las manos. Y había que darle forma. "Hubo contradicciones, claro, pero emprendimos un debate muy enriquecedor. Además, todos compartíamos el punto de partida: la autogestión. Estamos muy acostumbrados a hacer las cosas que nos mandan o, en todo caso, mandar nosotros. Queríamos ir contra la corriente autoritaria y organizar las cosas por nosotros mismos; y entre todos".

Surgieron distintas concepciones en torno al Gaztetxe. ¿Debía ser usado también como vivienda? "Debía primar el trabajo intelectual o debían prevalecer, en cambio, las tareas manuales? "Hubo quien, en los primeros años, vivió en la casa; pronto dejó de usarse como vivienda y, en cuanto a la dinámica de trabajo... Siempre están los listos que se dedican a redactar los comunicados pero luego no cogen la escoba. Decidimos que, además de escribir comunicados, todos teníamos que coger la escoba".

¿Quién no ha pasado por aquí? " Había un montón de grupos de punk rock -en aquel entonces, se le llamaba la música de los malditos- que no contaban en Vitoria con un espacio para tocar. Tampoco había una radio que programara la música que nos gustaba. ¿Qué podíamos hacer? Pues crear una radio y okupar un local. Y, en cuanto a los grupos que se han subido a este escenario, pues... ¡Todos! Hertzainak, La Polla, Cicatriz, Kortatu, Potato... La pregunta es, ¿quién no ha pasado por aquí?".

Eran los 80. La heroína amenazaba a una generación entera. "Hay incluso quien habla de genocidio. Veíamos cómo nuestros compañeros se estaban muriendo en la calle y, por si fuera poco, se les estigmatizaba. Fue tremendo. Además, no había ninguna información por parte de las instituciones sobre aquello que estaba pasando. Era como si se les dejara morir. Por eso, desde el movimiento alternativo impulsamos campañas de concienciación, sobre todo para evitar el intercambio de jeringuillas". El Gaztetxe tomó parte, junto a la asociación de vecinos, en la Coordinadora Contra la Droga del Casco Viejo.

'Ura ala guda' "Traíamos el agua con una manguera enganchada a la fuente del Campillo... hasta que la Policía Municipal nos la arrancaba. Cogíamos el balde, y venga". Fue entonces cuando se decidió llevar a cabo la campaña ura ala guda -agua o guerra-. Tras la lucha llegó el agua.

No hay lugar para la nostalgia. No lo hay porque nada se perdió en el camino: "Si algo tiene de bueno el Gaztetxe es que ha habido relevo generacional". Ainhoa Bengoa es parte de este relevo. A ella y a otros compañeros de la embarcación les ha tocado resistir la era Alfonso Alonso. "Lo tiro porque no me gusta", expresó el ex alcalde. Él prefería una quinta torre, o un parking subterráneo precisamente debajo de la casa de la colina. "No pudieron con nosotros. Nos reunimos más de 10.000 personas para defender el Gaztetxe", expresa esta joven.

"Antes, con José Ángel Cuerda, se llegó a un acuerdo tácito para no derribar la casa de la colina. Propuso cedernos el edificio y nos ofreció subvención. Pero siempre hemos tenido claro que no hay que coger dinero de los demás. En Bilbao, por ejemplo, aceptaron financiación municipal y, después, el Ayuntamiento les derribó el Gaztetxe".

Su terraza es el segundo punto más alto de Vitoria. Su biblioteca, "un laberinto de fantasías de tinta y castillos de papel". El patio respira: "Es el alma de la casa". Es más que 170 líneas. Celebra su vigésimo aniversario, y "estáis todos invitados".

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